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Ejemplo de comentario de texto filosófico

Por philosophico - 24 de Noviembre, 2006, 15:44, Categoría: Redacciones filosóficas

¿CÓMO INSTITUIR UNA AUTÉNTICA LIBERTAD EN LA SOCIEDAD?

 

Emmanuel Mounier (1905-1950)

 

Primeramente haré una breve recapitulación sobre las ideas de la libertad en la sociedad que menciona Emmanuel Mounier en su obra “Manifiesto al servicio del Personalismo”, esclareciendo a la vez las ideas sobre lo que nos da a entender. Luego realizaré un comentario sobre su artículo.

 

Mounier comienza hablándonos sobre la libertad espiritual de la persona (que es la verdadera libertad). Nos dice que las relaciones objetivas, el determinismo (que consiste en que un acontecimiento o suceso ha de seguirse sin variación alguna una vez dada la causa), la ciencia positiva (que se entiende en este contexto como la búsqueda de la realidad de las cosas en su aspecto práctico), son impersonales e inhumanos. La persona no encuentra en estos aspectos su verdadera dimensión, que es la libertad.

El autor nos dice que los regímenes autoritarios (formas de gobierno donde se ejerce el poder sin limitaciones), afirman que defienden la libertad del hombre contra el liberalismo (que es una doctrina política que defiende las libertades y la iniciativa individual, y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural), pero que en realidad lo que hacen es adherir la libertad del hombre al régimen autoritario, aunque, por lo menos, no suspenden los actos de los hombres o intenten negárselos. El liberalismo entonces traslada el valor de la libertad, de ser un fin a ser un modo de ejercicio. El acto libre no consiste en elegir sino en estar siempre al borde de la elección. La libertad no es un compromiso personal. Mounier considera a esto como una suprema grosería. La libertad de la persona entonces no es la adhesión obtenida por la fuerza o por conformismo público, sino es un compromiso consentido (aceptado voluntariamente, libremente).

Por otro lado, el tratar de acabar con una anarquía (ausencia de gobierno o poder público) tampoco garantiza que después se otorgue o se organice la libertad.

En los regímenes institucionales la persona no puede recibir su libertad espiritual ni una libertad comunitaria. Por ello, lo que debe hacer un verdadero régimen institucional es nivelar obstáculos exteriores y favorecer ciertas vías. Mounier menciona tres:

Desarmar cualquier forma de opresión de personas.

Establecer en las personas un margen de independencia, protección de su vida privada y garantía por las presiones sociales.

Organizar la sociedad con principios de responsabilidad a fin de ofrecer una mayor libertad de elección de cada persona.

Por último, Mounier nos dice que si se cumple lo anterior se obtendría primero una libertad o liberación negativa del hombre y después la verdadera libertad del hombre, que es la espiritual, la cual se logra en cada una de las personas. Concluye diciendo que, pese a todo, no se puede confundir que minimizando una tiranía materialista es llegar a establecer la utopía del “Reinado de la Libertad”.

 

 

Concuerdo con Emmanuel Mounier al hablarnos que la verdadera libertad del hombre es la espiritual, ya que las relaciones muy materialistas, acciones prácticas, utilitarias; actuar como cosa determinada, realizar actividades que no manifiesten personalidad u originalidad (impersonales ya sea por limitaciones o restricciones de tipo político o social), carecen de valor subjetivo, mental, moral, etc., y que muchas veces no “llenan” a la persona como lo hacen, por ejemplo, el sentimiento, el afecto y, sobre todo, la capacidad de elegir, de ser libre. Todos estos elementos conforman pues la verdadera libertad, libertad espiritual a la que el autor nos refiere.

Es comprensible que los regímenes autoritarios finjan, como dice el autor, que defienden la libertad del hombre contra el liberalismo agonizante con tal de convencer a la gente que apoye dicho régimen y éste acceda al poder; diciendo al final que la libertad del hombre consiste en adherirse al régimen actual.

Esto es cierto. Es conocido por muchos que la gente que postula a cargos políticos o al gobierno de un país utiliza métodos de disuasión inhumanos, inmorales y antitéticos a veces bien disimulados. La política es sucia, y los regímenes autoritarios aún más. Éstos, generalmente tienden a la perversidad, imposición y abuso de poder, por ser justamente autoritarios. Muchas veces no miden sus acciones con algún tipo de parámetro que permita la libertad que menciona Mounier.

También es cierto que un liberalismo agonizante opta, como dice el autor, en transformar el carácter verdadero de la libertad, que es el pleno compromiso consentido y la plena elección, en una adhesión al régimen por la fuerza o, en última instancia, por un conformismo social. Esto es innegable. En una sociedad donde cunda un régimen autoritario, en donde haya opresión y donde un liberalismo defectuoso esté presente va a devenir en la intolerancia, sufrimiento, conformismo (desesperanza), y ausencia o limitación de la libertad humana.

Si, por el contrario, existiese el anarquismo o al final, por luchas, revoluciones u otro, se acabe con un sistema autoritario y se establezca el anarquismo, esto tampoco sería garantía de que empiece a existir la libertad. Sería tal vez mucho peor. Creo que se requiere necesariamente de un gobierno, un Estado que vele por los intereses de las personas y, aunque suene paradójico, “limitar la libertad (acciones) para ser más libres” (que es propio del papel del Estado). La cuestión radica en el cómo lo hace el Estado o el tipo de gobierno reinante.

Mounier menciona tres vías que debe seguir todo buen régimen institucional para que surja la libertad. Estoy también de acuerdo con ellos.

Con lo que no estoy de acuerdo es cuando este filósofo francés dice que la libertad obtenida por el cumplimiento de estas vías sería una libertad o liberación negativa. ¿Por qué? Comprendo particularmente que se refiere a que la obtención de este tipo de libertad no es el verdadero, el verdadero es el espiritual. Él en una parte menciona claramente que la persona no puede recibir la libertad espiritual (la auténtica) de afuera (es decir, del apoyo de un buen régimen o Estado), ni libertad comunitaria (social, o de unas personas), sino que la verdadera libertad espiritual se logra en cada uno (dentro de uno). Tal vez se refiere a que, una vez dadas las condiciones sociales o políticas necesarias (como un buen régimen o gobierno que cumpla con las tres vías), recién el hombre podrá, por él mismo, acceder a su verdadera libertad interior, no sólo el poder elegir, sino realizándose plenamente dentro de una sociedad y gobierno justo y tolerante.

Las últimas palabras del autor sobre la no confusión de que minimizar o extinguir una régimen tirano materialista es llegar a la utopía del “Reinado de la Libertad” es verdadera. Como se sabe, una utopía es un proyecto o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación. O bien, es el sueño de una sociedad perfecta, donde se manifieste lo que la gente anhela, en este caso, una plena libertad. Nunca el ser humano estará conforme con lo que tiene. Si aún así llegase a establecerse el reinado de la libertad, habrían posteriores generaciones que encontrarían algún tipo de defecto o problema para empezar a  soñar y anhelar en otro tipo de sociedad, convirtiéndose ésta en una nueva utopía.

Luir Riveros Colque (estudiante de 3er. año de filosofía)