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Los consejos del profesor

Por philosophico - 14 de Junio, 2009, 10:28, Categoría: Planteamiento del problema

http://www.larepublica.pe/archive/all/larepublica/20090607/19/pagina/1634

 

Los consejos del profesor

Luis Jaime Cisneros

 

Me consultan sobre algunas situaciones creadas por alumnos universitarios que –interesados por determinadas investigaciones– solicitan consejo de si vale la pena trabajar sobre el tema que los inquieta. Para empezar, yo no estoy todavía para dar consejos al desgaire, y me es muy difícil asumir esos asuntos por teléfono. Puedo, sí, explicar lo que me suele ocurrir cuando algunos alumnos consultan sobre temas monográficos, o sobre proyectos de tesis, o sobre investigaciones que se proponen realizar.

Pero nunca doy opinión sobre el tema o sobre el método, sin escuchar (y exigir) los motivos por los que el muchacho se siente preocupado: si vale la pena el tema, si hay suficiente bibliografía, si el asunto está bien encarado, si podemos calcular cuánto tiempo exigirá la tarea. En realidad, muchas veces el alumno tiene miedo: miedo de equivocarse y, sobre todo, miedo de fracasar. En realidad, tiene miedo de no tener éxito.

Mi deber es felicitarlo por la idea de haber emprendido una investigación: ¡bienvenida la investigación, muchacho! Este saludo, casi siempre inesperado, debe preceder a proponerle que inicie el trabajo como crea conveniente y, cuando crea haber llegado a la convicción de que el tema valía o no la pena, por razones que deberemos analizar, volveremos a tratar del caso que ahora lo conmueve. ¿Por qué? Porque lo primero que me interesa asegurar es que se sienta seguro de su inteligencia y de la consistencia de su propio interés; seguro, sobre todo, de estar en capacidad de pedir colaboración antes que consejo. Ese consejo debe tener el valor de la colaboración.

¿Que los dos nos podemos equivocar? Por supuesto. Lo que me importa es que descubre que eso está previsto en el proceso y es, aunque no lo parezca, buen indicio. La experiencia nos revela que mucho de lo logrado en ciencia, y que explica el progreso alcanzado, es fruto, tras muchas frustraciones iniciales, de la perseverancia y la intensificación del estudio. Hay además situaciones en que la propuesta y la inquietud del alumno llega a alertarnos sobre nuestra propia ignorancia y los obliga a redoblar lecturas para obtener compartidos beneficios.

No debemos consentir que el alumno se sienta disminuido y se crea necesitado de una ayuda que él mismo está en condiciones de ofrecerse. Esa es la hora en que se llega a comprender cómo la búsqueda del conocimiento estimula y perfecciona la voluntad. El alumno debe saber siempre que el profesor no es oficina que provee el conocimiento, sino el compañero que entrena para emprender la marcha conjunta a lo largo de la cual nos vamos alentando en la búsqueda.

La función profesoral es, como dice Ranciére, escoltar en la búsqueda para obtener ímpetu e interés en la carrera. Lo que nos toca es asegurarnos que todo el empeño que en la investigación ponga el alumno nos asegure que el principio de veracidad sea el que respalde su conciencia de que la investigación emprendida asegure su emancipación. A eso llaman los expertos "el funcionamiento moral del poder de conocer".

Estas consultas, en otra ocasión, sirven solamente para cambiar ideas sobre lecturas: sobre lo ya leído y lo que convendría leer. Este intercambio suele depararme sorpresas inesperadas. Los muchachos han leído autores que desconozco, porque frecuentan temas que ahora voy descubriendo enlazados con los que creía míos. Estas conversaciones sirven, por eso, para confirmar la idea de que profesores y alumnos somos un conjunto homogéneo de gente interesada en muchas esferas de la cultura.

Comprobamos también, en estas consultas, cómo se ha ampliado, y enriquecido, el campo de las Humanidades. Ahora sabemos que cuando nos enseñaron a "amar al prójimo como a nosotros mismos" nos estaban advirtiendo que llegaríamos a comprender que cada uno de nosotros es ‘el prójimo’ de los demás.

Publicado: La República - 07/06/09 -