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Artículos sobre investigación filosófica

Mis procesos para formar opiniones filosóficas

Por philosophico - 29 de Noviembre, 2006, 11:47, Categoría: Artículos sobre investigación filosófica

http://www.unav.es/gep/OpinionesFilosoficas.html

MIS PROCESOS PARA FORMAR OPINIONES FILOSÓFICAS (MS 311)

Charles S. Peirce (1903)

Traducción castellana de Sara F. Barrena (2004)

En 1903 Charles S. Peirce dictó sus conocidas Harvard Lectures on Pragmatism. Entre sus manuscritos se encuentran varias versiones de los borradores de aquellas conferencias. En uno de los borradores de la quinta conferencia se encuentran estas interesantes reflexiones suyas acerca de su método de trabajo. El título que hemos asignado a este fragmento procede de una expresión del propio Peirce.

Posiblemente, algunos de ustedes pueden señalar alguna discordancia entre lo que digo ahora acerca de esta materia [el objeto de las ciencias normativas] y algunas expresiones anteriores. Mas vale que explique que mis opiniones acerca de ética y estética no son tan maduras como mis opiniones sobre lógica. Mis procesos para formar opiniones filosóficas son excesivamente lentos. Creo que tengo una reputación de poseer un intelecto vivo que no es merecida. Se vería claramente hasta qué punto es así si les describiera mi método de discutir conmigo mismo una opinión filosófica. Quizás podría ser útil que esbozara brevemente ese método. En primer lugar, intento evitar, hasta donde es posible, acometer cuestiones que parece posible que dependan de cuestiones que no haya considerado ya completamente al menos una vez. Después pongo mi cuestión por escrito de forma tan exacta como puedo, tarea que a veces es en sí misma difícil y dudosa. Una vez hecho eso anoto en los términos más breves, pero más completos y exactos, cada argumento que he leído, escuchado o incluso imaginado que puede sostenerse, primero a favor de un lado de la cuestión y luego en favor del otro. Algunos de estos argumentos admiten refutaciones breves y decisivas que también anoto. Después reflexiono acerca de la materia y, sin entrar en sus ventajas, expongo lo que me parece que es la naturaleza general de las consideraciones de las que debería depender la decisión, con las razones. Añado la indicación, o a veces un exposición completa, de otros modos de considerar la cuestión que sé que han sido empleados o que podrían ser empleados de forma natural, y muestro tan claramente como puedo qué peso debería atribuirse a cada uno y por qué. Frecuentemente me parece que no hay sino un modo en que la cuestión puede discutirse decisivamente, y procedo a poner por escrito los puntos de esa discusión, junto con todas las dudas que puedan surgir. Si encuentro que la cuestión depende de alguna otra que no he considerado completamente, aparto todo el asunto hasta que la otra cuestión haya sido considerada. Frecuentemente la cuestión original tomara una forma nueva y más amplia, de modo que corrijo lo que he escrito o comienzo otra vez. O puede ser que mientras una cuestión mas amplia es sugerida y anotada, la discusión se complete en sus líneas originales. A veces encuentro indicaciones de que hay alguna otra forma de considerar la cuestión sin que yo sea capaz de formular esa otra manera. En ese caso tendré una masa de notas provisionales que pueden resultar útiles cuando llegue a comprender mejor la cuestión. Finalmente corrijo una y otra vez, revisando cada parte del argumento tan críticamente como puedo. Sucede entonces muy a menudo que, además de este modo preferido de tratamiento, algunos otros merecen atención, especialmente si resulta que tienden a modificar la conclusión. Escribo cualquier cosa que parezca que merece la pena señalar respecto a cada uno de esos modos. Vuelvo entonces a mis dos listas de argumentos escritas primero, que para este momento probablemente habrán aumentado, y señalo brevemente respecto a cada una lo que parece determinar que se acepte o se rechace. Llegado a este punto, dejo a un lado mis notas y paso a otra cosa. Pero con el tiempo volveré a la cuestión original, probablemente en una forma algo diferente, y desde un punto de vista diferente. Y estoy siempre dispuesto a ser escéptico acerca del valor de mi discusión anterior. De hecho, lo que me lleva de vuelta a la cuestión es con frecuencia alguna nueva luz bajo la que veo, o sospecho, que hay alguna consideración cuya importancia no he apreciado, y me encuentro dispuesto, y cultivo la disposición, a considerar mi anterior discusión como inflexible y poco inteligente. Entonces rehago toda la cuestión otra vez sin consultar mis notas anteriores, de las que no guardo ningún recuerdo preciso. Una vez completado este segundo examen, saco mis notas anteriores y las compongo críticamente. Incluso donde coincidan habrá a veces una ligera diferencia que bajo una consideración cuidadosa sugerirá alguna duda. Ahora bien, son precisamente las dudas lo que en esta etapa estoy tratando de desarrollar. Combinando las dos discusiones hago justicia lo mejor que puedo al problema y de nuevo lo aparto. Después de un tiempo, usualmente un tiempo largo, la materia vuelve a aparecer por tercera vez, y entonces encuentro invariablemente que, como si dijéramos, mis ideas se han convertido en una masa más compacta, conectada y generalizada. Vuelvo sobre mis notas una vez más, elaboro hasta el final todas las dudas que soy capaz de resolver, y alcanzo una comprensión completa de mis propias opiniones. Prefiero no tener que cargar con aquello que para ahora no esté ya indeleblemente impreso en mi mente, pues ha de comenzar un largo camino de cultivo de las concepciones que hasta ahora he obtenido. Este proceso lo sigo realizando, en su mayor parte, con la pluma en la mano. Redacto mi exposición de nuevo, omitiendo lo que parece de un valor demasiado pequeño para conservarlo. Lo critico en cada aspecto filosófico que me parece justo. Intento ampliarlo y especialmente hacer que se una de forma homogénea a otros resultados. De esa manera, exposiciones que pueden imprimirse y que a los lectores que las toman por inspiraciones momentáneas pueden parecerles del todo brillantes, para mí, que recuerdo cuántas docenas de veces las he sufrido, son bien conocidos como los monumentos a mi estupidez que realmente son.


Fin de "Mis procesos para formar opiniones filosóficas", C. S. Peirce (1903). Traducción castellana de Sara F. Barrena (2004). Fuente textual en MS, 311.

Investigación y docencia en la UNAM. El Caso de Filosofía

Por philosophico - 24 de Noviembre, 2006, 16:00, Categoría: Artículos sobre investigación filosófica

http://www.cecu.unam.mx/ponsemloc/ponencias/505.html

 

DOCUMENTO

INVESTIGACIÓN Y DOCENCIA EN LA UNAM. EL CASO DE FILOSOFÍA

 

1.- La reforma de la UNAM debe revisar la ley orgánica que la rige desde 1945.

Algunos de sus artículos serán modificados o incluso revocados, pero otros podrán refrendarse. La reforma puede ser también un movimiento que reivindique los principios en los que se funda la institución.

La ley orgánica expresa en el primero de sus artículos que los fines de la UNAM son tres: impartir educación superior, realizar investigaciones y extender la cultura. La enumeración de estos tres fines no es algo de poca monta, ya que hay universidades que no comparten con la nuestra estos mismos fines. En los liberal art colleges de nuestro vecino país del norte, la finalidad principal no formar profesionistas sino ciudadanos cultos. Por otra parte, hay universidades, como casi todas las privadas en nuestro país, cuyo único fin es formar profesionistas o técnicos que puedan encontrar un sitio en el mercado de trabajo y no se proponen realizar investigación alguna o extender la cultura.

La UNAM es una universidad en la que la investigación en ciencias y en humanidades es considerada como uno de sus fines irrenunciables. Dudo que exista alguien que opine que el primer artículo de la ley orgánica deba modificarse. Los fines de la UNAM son los tres ya señalados y ningún otro le falta ni le sobra. Lo que se discute y seguramente se discutirá durante el proceso de reforma es la jerarquía y la relación que hay entre estos fines, en especial, las que existen entre la investigación y la docencia.

2.- ¿Está subordinada la investigación a la docencia?

No. Están a la par. Las dos son igualmente importantes para la UNAM. Poner a una por abajo de la otra, hacerla depender de la otra, sería ir en contra del espíritu del primer artículo de la Ley Orgánica. Esto no quiere decir, por supuesto, que no deba existir una relación activa y fructífera entre la investigación y la docencia.

Desde hace una década los institutos han participado activamente en la docencia con el propósito de impulsar la calidad de la enseñanza que se imparte en el Posgrado. Los institutos no sólo tienen la responsabilidad de investigar sino de enseñar y esto ha tenido como consecuencia que la carga docente de los investigadores se haya incrementado, sobre todo en aquellos institutos que tienen la responsabilidad de facto de organizar, por sí solos, un programa de Posgrado.

Esta tendencia parece ir en aumento. Este año se aprobaron cambios a la legislación para que los institutos foráneos puedan impartir licenciaturas. Ahora un instituto puede impartir licenciaturas y posgrados al igual que una facultad. Si esta tendencia continúa, la única diferencia entre institutos y facultades será que en las segundas, a diferencia de los primeros, habrá muchas carreras, muchos alumnos y poca investigación.

Aunque ha aumentado la carga docente de los institutos se espera de ellos que su investigación no disminuya ni en cantidad ni en calidad. Por lo tanto, debemos tener cuidado de que las nuevas medidas para fortalecer la enseñanza en la UNAM no tenga como consecuencia el debilitamiento de la investigación. La indispensable relación entre la investigación y la docencia no debería confundirse con la apresurada reconversión de los institutos en pequeñas facultades y de los investigadores en profesores improvisados.

Por otra parte, sería peligroso quitarle a las facultades la responsabilidad y, sobre todo, los recursos para encargarse de la docencia de calidad a nivel licenciatura y posgrado para dárselos a los institutos. Tenemos que tener mucho cuidado de que el fortalecimiento de la docencia en la UNAM no implique un abandono de las facultades. Sería lamentable que los institutos se conviertan en facultades de primera, pequeñas y elitistas, y las facultades en instituciones de segunda, abandonadas a las tempestades políticas y a la masificación sin criterios académicos.

Para fortalecer a profundidad los vínculos entre la investigación y la docencia debemos encontrar otros medios, además del simple hecho de que los investigadores impartan más clases. Los resultados de la investigación realizada en los institutos deberían irradiarse a toda la universidad y, sobre todo, a los alumnos, a través de diversos medios, como las publicaciones y las conferencias. Hace falta, me parece, tomar medidas más ambiciosas e imaginativas para lograr lo anterior.

3.- ¿Ayudaría acabar con la distinción entre facultades e institutos y entre investigadores y profesores?

Después de todo, se diría, en la mayoría de las universidades no existen estas diferencias. En esos lugares los profesores se dedican a enseñar y a investigar y, a veces, hacen muy bien las dos cosas. No me parece que esta observación sea un argumento para que en la UNAM se haga lo mismo. Cada universidad se organiza de la manera en la que ella considera es adecuado para sus intereses y de acuerdo a sus propias razones. La cuestión no es si debemos organizarnos como otras universidades, sino cuáles son las razones y ventajas de que nos organicemos de ésta o de otra manera. (Mi experiencia es que casi siempre que nos visitan profesores de otras universidades - incluso de las mejores del extranjero - manifiestan su deseo de que en esas universidades hubiera institutos como los que tenemos en la UNAM).

No faltan argumentos para la división entre institutos y facultades. Uno de ellos es que dado que las labores de investigación y de docencia requieren tareas, habilidades y especializaciones diferentes es conveniente que existan espacios académicos para organizar y evaluar cada una de estas labores. La diferencia de criterios que rigen a las facultades y los institutos debe hacer justicia al hecho evidente de que un buen profesor puede no ser un buen investigador y viceversa. Por eso conviene que el trabajo individual y colectivo que realicen los profesores se lleve a cabo en las facultades y el trabajo individual y colectivo que hacen los investigadores se lleve a cabo en los institutos.

Y esto no significa que no deban existir espacios de trabajo comunes para los profesores y los investigadores, no, lo que se propone es cada uno de ellos tenga su propio espacio, sin que ninguno de los dos sea considerado superior al otro o dependiente del otro.

Algo bueno ha de tener nuestra división en facultades e institutos si observamos que la mayoría de la investigación en ciencias y humanidades que se hace en México se realiza en la UNAM. El IIF - por dar el ejemplo que conozco más de cerca - es el único instituto de filosofía que existe en el país. Si comparamos la cantidad y la calidad de la investigación hecha en el IIF con el resto de la producción filosófica en el país podremos darnos cuenta de su enorme importancia. Ahora bien, la cantidad y calidad de las investigaciones que se realizan en el IIF dependen del hecho de que los investigadores pueden dedicarse de tiempo completo a la investigación y de que tienen a la mano los recursos indispensables para ello.

Esto es lo que soñaba el Dr. Eduardo García Máynez cuando fundó el Centro de Estudios Filosóficos y por este misma aspiración trabajó el Dr. Fernando Salmerón cuando el Centro se convirtió en el IIF. Gracias a ellos, a su clara visión de qué tipo de institución se requería, en México y en la UNAM, para lograr los altos fines que se habían propuesto, se puede realizar hoy en día la valiosa investigación filosófica que se hace en el IIF. Pienso que es nuestra responsabilidad preservar el legado de nuestros fundadores y de todos y cada uno de aquellos universitarios que se han esforzado para construir y fortalecer instituciones como el IIF, únicas en América Latina.

4.- Mi propuesta es que la distinción entre las figuras del investigador y del profesor y la división entre institutos y facultades deben preservarse. La distinción y la división no implican desconexión ni ausencia de beneficios mutuos. Los investigadores deben seguir participando regularmente en todo tipo de actividades docentes, pero debemos preservar las condiciones para que se dediquen de tiempo completo a la investigación. El fortalecimiento de la docencia no debe hacerse a costa de un posible debilitamiento de la investigación sino que, por el contrario, hay que hallar nuevas maneras para que la fortaleza de la investigación impulse a la docencia. Es indispensable apoyar a las facultades y a los institutos de la UNAM para que realicen a plenitud las funciones que le son propias.

 

Metodología de investigación

Por philosophico - 11 de Mayo, 2006, 18:16, Categoría: Artículos sobre investigación filosófica

http://www.unav.es/gep/Metodologia/PaginaPrincipal.html

Metodología de la investigación

La metodología, describió Peirce, es la "rama de la lógica que enseña los principios generales que han de guiar la investigación (inquiry)" (J.M. Baldwin (ed), Dictionary of Philosophy and Psychology, Macmillan, Nueva York, 1901-05, II, 75). Esta página tiene como objetivo proporcionar algunas herramientas útiles para la investigación en humanidades, así como para la escritura de acuerdo con los diversos géneros académicos. Se presta especial atención a cómo se escribe en la actualidad una tesis doctoral y a los recursos informáticos disponibles en internet.

  1. Estrategias de investigación
    1. Cómo mejorar la escritura
    2. Cómo, cuándo, dónde y cuánto escribir

  1. Cómo se hace una tesis doctoral
    1. La elección del tema y del director
    2. Primeros pasos
      • 2.1. La introducción de la tesis
      • 2.2. La búsqueda del material: las fuentes
      • 2.3. La investigación exploratoria
    3. Organización de los materiales
    4. Comenzar a escribir
      • 4.1. La estructura de una tesis
      • 4.2. El formato
      • 4.3. Sistemas de referencias
      • 4.4. Citas y plagios. Las notas a pie de página
    5. Cómo se termina una tesis
      • 5.1. La encuadernación de la tesis
      • 5.2. La defensa de la tesis
      • 5.3. La publicación de la tesis


  1. Géneros académicos
    1. Curriculum vitae
    2. Recensiones
    3. Proyectos de investigación
    4. Presentaciones a congresos
    5. Artículos en revistas académicas


  1. Ortografía y Diccionarios


  1. Algunas direcciones útiles
    1. Archivo histórico de páginas web
    2. Buscadores
    3. Enciclopedias
    4. Bibliotecas
    5. Textos electrónicos
    6. Adquisición de libros
    7. Libros de segunda mano
    8. Tesis doctorales
    9. Otros recursos

 

La autora principal de estas páginas es la Dra. Marta Torregrosa, que para su elaboración ha tenido en cuenta los capítulos tercero y cuarto del libro de Jaime Nubiola, El taller de la filosofía. Una introducción a la escritura filosófica, Eunsa, Pamplona, 1999; así como parte del material del curso de "Metodología de la investigación" que el prof. Nubiola imparte para varios programas de Doctorado de la Universidad de Navarra. En cada sección se señalan además el resto de las fuentes utilizadas.

¿Qué es investigar?

Por philosophico - 11 de Mayo, 2006, 18:13, Categoría: Artículos sobre investigación filosófica

http://www.zubiri.org/works/spanishworks/investigar.htm

¿QUE ES INVESTIGAR?

 Xavier Zubiri

Ya, 19 de octubre de 1982

 

La entrega del premio Ramón y Caja1 a dos grandes investigadores españoles pone de actualidad el sentido profundo de la investigación, tema que fue abordado ayer magistralmente por Xavier Zubiri en su discurso y que engloba—desde una perspectiva profunda—no sólo su propia actividad y la de Severo Ochoa, sino la de todos los investigadores.  Por ese motivo reproducimos a continuación, íntegro, el discurso de Zubiri.

 

Estamos reunidos con motivo del premio Santiago Ramón y Cajal a la Investigación, cuya significación ha sido ya glosada aquí. Es un premio que nos lo concede, por mediación vuestra, la sociedad española. Y no encuentro mejor manera de expresar mi gratitud a esta concesión que comentar en dos palabras qué es esta "investigación" que tan generosamente premiáis.

¿Qué es lo que se investiga?  Evidentemente investigamos la verdad, pero no una verdad de nuestras afirmaciones, sino la verdad de la realidad misma. Es la verdad por la que llamamos a lo real, réalidad verdadera. Es una verdad de muchos órdenes: físico, matemático, biológico, astronómico, mental, social, histórico, filosófico, etcétera.

Pero, ¿cómo se investiga esta realidad verdadera? La investigación de la realidad verdadera no consiste en una mera ocupación con ella. Ciertamente es una ocupación, pero no es mera ocupación. Es mucho más: es una dedicación. Investigar es dedicarse a la realidad verdadera. Dedicar significa mostrar algo, deik, con una fuerza especial de. Y tratándose de la dedicación intelectual, esta fuerza consiste en configurar o conformar nuestra mente según la mostración de la realidad, y ofrecer lo que así se nos muestra a la consideración de los demás. Dedicación es hacer que la realidad verdadera configure nuestras mentes. Vivir intelectivamente, según esta configuración, es aquello en que consiste lo que se llama profesión. El investigador profesa la realidad verdadera.

Esta profesión es algo peculiar. El que no hace sino ocuparse de estas realidades, no investiga: posee la realidad verdadera o trozos diversos de ella. Pero el que se dedica a la realidad verdadera tiene una cualidad en cierto modo opuesta: no posee verdades, sino que, por el contrario, está poseído por ellas. En la investigación vamos de la mano de la realidad verdadera, estamos arrastrados por ella, y este arrastre es justo el movimiento de la investigación.

Esta condición de arrastre impone a la investigación misma unos caracteres propios: son caracteres de la realidad que nos arrastra.

Ante todo, todo lo real es lo que es sólo respectivamente a otras realidades. Nada es real si no es respecto a otras realidades. Lo cual significa que toda cosa real es desde sí misma constitutivamente abierta.  Sólo entendida desde otras cosas que habrá que buscar, habremos entendido lo que es la cosa que queremos comprender.  Lo que así entendemos es lo que la cosa es en la realidad. El arrastre con que nos arrastra la realidad hace, pues, de su intelección un movimiento de búsqueda. Y como esto mismo sucede con aquellas otras cosas desde las que entendemos lo que queremos entender, resulta que al estar arrastrados por la realidad nos encontramos envueltos en un movimiento inacabable no sólo porque el hombre no puede agotar la riqueza de la realidad, sino que es inacabable radicalmente, a saber, porque la realidad en cuanto tal es desde sí misma constitutivamente abierta. Es, a mi modo de ver, el fundamento de la célebre frase de San Agustín: "Busquemos como buscan los que aún no han encontrado, y encontremos como encuentran los que aún han de buscar".  Investigar lo que algo es en la realidad es faena inacabable, porque lo real mismo nunca está acabado. La realidad es abierta y múltiple.

Pero además de abierta, la realidad es múltiple. Y lo es por lo menos en dos aspectos.

En primer lugar, porque hay muchas cosas reales, cada una con sus caracteres propios. Investigar las notas o caracteres propios de cada orden de cosas reales es justo lo que constituye la investigación científica, lo que constituye las distintas ciencias. Ciencia es investigación de lo que las cosas son en la realidad.

Pero, en segundo lugar, lo real es múltiple, no sólo porque las cosas tienen muchas propiedades distintas, sino también por una razón a mi modo de ver más honda: porque lo que es abierto es su propio carácter de realidad.

Y esto arrastra a la investigación no de las propiedades de lo real, sino a la investigación del carácter mismo de la realidad. Esta investigación es un saber de tipo distinto: es justo lo que pienso que es la filosofía. Es la investigación de en qué consiste ser real.

Mientras las ciencias investigan cómo son y cómo acontecen las cosas reales, la filosofía investiga qué es ser real. Ciencia y filosofía, aunque distintas, no son independientes. Es menester no olvidarlo. Toda filosofía necesita de las ciencias; toda ciencia necesita una filosofía.  Son dos momentos unitarios de la investigación.  Pero como momentos no son idénticos.

Esta cuestión de qué es ser real es, ante todo, una auténtica cuestión por sí misma. Porque las cosas no son tan sólo el riquísimo elenco de sus propiedades y de sus leyes, sino que cada cosa real y cada propiedad suya es un modo de ser real , es un modo de realidad, Las cosas no difieren tan sólo en sus propiedades, sino que pueden diferir en su propio modo de ser reales. La diferencia, por ejemplo, entre una cosa y una persona es radicalmente una diferencia de modo de realidad. Persona es un modo propio de ser real. Es necesario conceptuar, pues, lo que es ser persona, es decir, hay que investigar que es ser real. Porque hay modos de realidad distintos del de cosa y persona. Cada cosa nos impone una manera de estar.

Pero, además, este concepto y esta diferencia de modos de realidad es cuestión grave. Así, las personas estamos ciertamente viviendo "con" cosas. Pero sea cualquiera la variedad y riqueza de estas cosas, aquello "en" lo que estamos situados con ellas es en "la" realidad. Cada cosa con que estamos nos impone una manera de estar en la realidad. Y esto es lo decisivo. Del concepto que tengamos de lo que es realidad y de sus modos, pende nuestra manera de ser persona, nuestra manera de estar entre las cosas y entre las demás personas, pende nuestra organización social y su historia. De ahí la gravedad de la investigación de lo que es ser real. Es una investigación impuesta por las cosas mismas. Lo que en las cosas reales se nos impone así, es justo su realidad. Esta fuerza de imposición es el poder de lo real: es la realidad misma como tal, y no sólo sus propiedades, lo que nos arrastra y domina. Por esto, el poder de lo real constituye la unidad intrínseca de la realidad y de la inteligencia: es justo la marcha misma de la filosofía.

Hegel pudo escribir: "Tan asombroso como un pueblo para el que se hubieran hecho inservibles su derecho político, sus convicciones, sus hábitos morales y sus virtudes, seria el espectáculo de un pueblo que hubiera perdido su metafísica".

Finalmente, investigar qué es ser real, es una tarea muy difícil. Por esto decía Platón a un joven amigo principiante en filosofía: "Es hermoso y divino el ímpetu ardiente que te lanza a las razones de las cosas; pero ejercítate y adiéstrate mientras eres joven en estos esfuerzos filosóficos, que en apariencia para nada sirven y que el vulgo llama palabrería inútil; de lo contrario, la verdad se te escapará de entre las manos". Platón se dedicó a este esfuerzo durante toda su larga vida. Algunas veces se sentía desanimado. En cierta ocasión escribió: apeireka ta onta skopon, "quedé desfallecido escrudiñando la realidad".  Una de las personas que mejor comprende esta distinción y unidad de ciencia y filosofía es mi admirado y querido amigo Severo Ochoa. Por esto, y por nuestra vieja amistad, su compañía en esta ocasión es para mi un momento esencial de este premio.

Al referimos a la investigación, vosotros habéis pensado también en la filosofía.  Es la primera vez que esto ocurre. Y yo, y conmigo todos los denodados cultivadores de la filosofía, nos sentimos con ello muy legítimamente honrados y satisfechos.  Gracias en nuestro nombre.